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¿Velo si, velo no?

¿Velo si, velo no?

12 de noviembre de 2020

Cada vez son más las novias que optan nuevamente por llevar velo, y a pesar de que lo relacionemos con las bodas religiosas, su historia se remonta a las primeras civilizaciones.

Su uso ya se menciona en escritos Asirios y Persas, y en la época Griega se inventa como parte de una superstición, ya que se creía que el día de la boda, las novias estaban desprotegidas y vulnerables ante los malos espíritus y el mal de ojo de las mujeres celosas. Así que crean una túnica amarilla o roja, los colores de protección, que se coloca en la cabeza y cae hasta los pies con la finalidad de que estuvieran totalmente cuidadas hasta llegar ante su futuro marido.
La tradición se conserva durante la época Romana y la Edad Media, extendiéndose hacia Inglaterra entre los siglos IV y VI. Siguiendo con el mismo propósito, su tono se cambia al blanco como representante de la pureza y la virginidad, perdurando su uso hasta nuestra época en bodas religiosas.

La Novia y el Novio (1900-1910)

Y aquí entra en juego la industria de la moda a finales del pasado siglo, y se convierte en un complemento como puede ser un tocado o una tiara. Aparecen los velos de colores, que suelen ser más estrechos y con un toque romántico, y tampoco falta la novia velada (velo que también tapa la cara) y los velos amantillados, rematados con puntillas y/o con aplicaciones o bordados. También podemos jugar con tejidos como plumeti, organza o chantillí.

Sea cual sea tu elección, asegúrate de que no desentona con tu vestido y con el tipo de boda que has organizado. Puede que tu velo se convierta en “el velo familiar” y lo luzcan algún día otros miembros de tu familia o alguna persona especial.


Foto Cabecera: Glow Photo Studio

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